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espacio de salud y desarrollo personal
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El duelo nace del encuentro entre dos hechos de la vida: la impermanencia de las cosas y de las personas, y el apego a esas cosas y personas que son impermanentes. Apego es distinto a amor; éste es generoso, quiere la felicidad del otro aunque yo no pueda tenerlo; el apego es más egoísta, se refiere más a uno, es poseer para uno. Apego es distinto a deseo. Podemos desear, pero sin apego. Ello significa que, cuando no podemos cumplir un deseo, tenemos capacidad de cambiar de objeto de deseo, sin aferrarnos a aquello que no podemos conseguir. Del dolor, de la no aceptación del dolor, surgen dos emociones: - rabia, cólera, enfado, que es una reacción que posee mucha energía - tristeza, que aparece cuando no hay energía Lo más sano es ver mi sufrimiento, y a partir de ahí ver y entender el de los demás. Ello dirige mi atención y mi acción a disminuir el sufrimiento de los demás, a ayudar a los que sufren. Esto me lleva a la compasión, a la generosidad, y así mi sufrimiento cobra sentido. Respecto a la rabia, comentó que cuando vemos a alguien que tiene mucha rabia, debemos pensar que dentro tiene un gran dolor, que cuanto mayor es la rabia mayor es el sufrimiento. De esta manera reaccionaremos de otra forma ante una persona que demuestra rabia, quizá no con rabia, sino con compasión. La culpa que suele venir después de una descarga de cólera, aumenta el sufrimiento, y por lo tanto se produce un aumento de rabia (aunque no nos permitamos expresarla), lo que nos lleva a un círculo cerrado. Lo que podemos hacer es que esa rabia pierda energía, descargándola de formas más adecuadas (por ejemplo con el deporte, golpeando a un cojín, etc.) y manejar entonces el dolor que hay debajo; y cultivando una serie de cualidades que según el budismo nos alejan del sufrimiento: - la generosidad - la conducta justa, hacer lo más adecuado - intentar no causar sufrimiento - armonía - paciencia - la alegría, el entusiasmo - calmar la mente - sabiduría, lucidez, ver las cosas tal y como son Confrontar duelos que llevan mucho tiempo desarrollándose y que vemos que se mantienen porque producen beneficios secundarios en el doliente (más atención de los demás, por ejemplo). Pero hay que confrontar con mucho cuidado, porque una persona en duelo es muy frágil.
Fases en los duelos: 1ª fase: Negación de la situación, incredulidad, “esto no está pasando, no es posible”. 2ª fase: Huída. Hay un poco más de consciencia de la situación… la suficiente como para darnos cuenta del dolor de la pérdida, y nuestro deseo de evitarlo. Huimos de dos formas: haciendo muchas cosas, cayendo en una hiperactividad que no nos deja pensar ni sentir; pensando continuamente en la persona o la cosa perdida, de tal forma que estando permanentemente en contacto, de lo que huimos es de la ausencia de ella. 3ª fase, que es la que dura más tiempo: Confrontación a la realidad de la ausencia. Es como decir: “no me gusta lo que ha pasado, pero veo que me ha pasado, y me pongo manos a la obra para reconstruir mi vida”. Cuando alguien se derrumba, es ahí cuando debemos estar para ayudarle. La forma más sencilla, pero muy válida, de ayuda, es simplemente escuchar a la persona, sin intentar sacarle de ahí, sin darle consejos. Es estar ahí, acompañándola en su dolor. Los duelos de un suicidio son muy difíciles, pues aparece mucha culpa. También los de los hijos; y los de muertes repentinas, por accidente, terrorismo, etc. Al dirigir la cólera hacia una persona muerta puede aparecer mucha culpa, y ello, sin el acompañamiento adecuado, complica el duelo. Hemos de pensar que es normal que aparezcan estos sentimientos, y que ello no empaña el amor que sentimos por ella, ni nos deshumaniza.
También hablamos de las despedidas y los duelos que hay que hacer cuando uno entra en la senda espiritual: por ejemplo, según el budismo, para llegar a ver la realidad, a la verdad, tenemos que desprendernos de muchas visiones ilusorias de nosotros mismos, de los demás, de la realidad, a las cuales estamos apegados. Cada “desilusión” (en el sentido de pérdida de una visión ilusoria), cada decepción, nos acerca a la verdad, a ver la realidad. Por ello el camino hacia la espiritualidad es tan difícil, tan doloroso, pues está compuesto de sucesivas desilusiones y decepciones, con el dolor que conllevan. En algo más concreto, como puede ser una meditación, hay varios duelos que hacer: de los pensamientos que me vienen continuamente, y que tengo que ir abandonando. Y hablamos de algo tan fundamental como lo siguiente: ¿qué es la realidad para el budismo? ¿dónde está la realidad, hay una, hay varias? Lama Shedrup dijo que así como hay varias visiones ilusiorias de las cosas, hay también varias realidades, tantas como percepciones puras de la realidad existen. Y que el buda es aquél que se ha despertado, y es capaz de ver todas las dimensiones de la vida. Y para acabar, estas palabras: “Tomarse las cosas demasiado en serio es muy trabajoso, y produce mucho sufrimiento.”
[Extraído de un "Taller sobre el duelo" impartido por Lama Shedrup]
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