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¿EN QUÉ CONSISTE LA PSICOTERAPIA? ¿PARA QUIÉN ES?


La psicoterapia es un encuentro entre dos personas en el que una de ellas, gracias a su formación y experiencia como psicoterapeuta, ayuda a la otra a resolver problemas psicológicos de malestar interno estable o repetitivo (como por ejemplo depresión, ansiedad, obsesiones, confusión, falta de autoestima, somatizaciones, estrés, insomnio, tensión, dificultad de disfrutar, falta de sentido de la vida...), o que suponen una limitación en el comportamiento (fobias, indecisión, falta de voluntad, impulsividad, desorientación, adicción al placer, drogadicción...), o que generan problemas en las relaciones (timidez, perfeccionismo, problemas sexuales, problemas de pareja, laborales, malestar con la familia, resentimiento, exceso de dependencia, introversión, dificultad para el diálogo, inadaptación, falta de habilidades en el trato...). En algunos pocos casos, el psicoterapeuta puede pedir a la persona que solicita la terapia que acuda a un médico-psiquiatra que le recete alguna medicación para facilitar o incluso posibilitar el tratamiento.


La psicoterapia es un proceso, o sea, algo que requiere un tiempo en el cual la persona que acude a ella va aprendiendo a enfocar de una manera más funcional sus problemas y a encontrar nuevas respuestas a los mismos, con ayuda y acompañamiento del psicoterapeuta. No se trata, por lo tanto, de "cambiar a la persona en otra distinta", sino de que el psicoterapeuta, en colaboración con el demandante de la psicoterapia, formen una especie de "equipo de trabajo" destinado a enfocar las áreas conflictivas que éste le propone y exploren juntos los recursos que la persona posee y no está utilizando porque o no los conoce, o no sabe utilizarlos. En este sentido, la psicoterapia sí puede cambiar a la persona, porque le enseña nuevas habilidades y actitudes, pero sin dejar de ser ella misma: es ella misma, pero con más recursos para afrontar la vida.

 


PRINCIPIOS PSICOTERAPÉUTICOS

 

Nuestro modelo de trabajo es integrador, pues considera que actualmente no existe un modelo de psicoterapia válido para todas las personas, problemas y circunstancias, y por ello se siente llamado a mantenerse receptivo y dialogante a las aportaciones de otros modelos y técnicas que puedan integrarse coherentemente y hacer más efectivo el tratamiento. Así, a diferente profundidad y nivel, integra: Análisis Transaccional (E. Berne), Psicoterapia de los Constructos Personales (G. Kelly), Psicoterapia Gestalt (F. Perls), Psicoterapia Centrada en la Persona (C. Rogers), Focusing (E. Gendlin), Psicosíntesis (R. Assagioli), Psicoterapia Adleriana (A. Adler), Psicoterapia Analítica (C. G. Jung), Psicoanálisis Humanista (E. Fromm), Neopsicoanálisis (K. Horney), Psicoterapias Existenciales (R. May y V. Frankl), Psicoterapia Familiar Sistémica, Psicoterapia Integrativa (Claudio Naranjo), Psicodrama (J. L. Moreno), Biosíntesis (D. Boadella), Bioenergética (A. Lowen), Análisis Corporal de la Relación (A. Lapierre), Psicoterapia post-Rogeriana (G. Egan), Arteterapia (M. Naumburg), Psicodanza (M. Chace), Sistema de Centros de Energía (S. Mildermann), Psicoterapia de la Imaginación (J. E. Shorr), Imaginería Afectiva Guiada (H. Leuner), Psicoterapia Eidética (A. Ashen), Ensueño Dirigido (R. Desoille), Terapia de Modificación del Comportamiento, Psicoterapia Cognitiva (A. Beck), Programación Neurolingüística (R. Bandler y J. Grinder), Conciencia Sensorial (Ch. Selver), Relajación Progresiva (E. Jacobson), Expresión Corporal (P. Stokoe), Masaje Sensitivo Gestáltico (M. Elke), Bonding (D. Casriel), Hatha Yoga, Técnicas de Meditación...

 

Asume parcialmente las afirmaciones de la psicoterapia del paradigma de la influencia social (Frank): lo fundamental de la terapia radica en la relación terapéutica y en que la persuasión del terapeuta se centre en estimular la implicación colaborativa del cliente en una alianza efectiva para el cumplimiento de la tarea que ambos tienen por delante.

 

Admite la presencia de elementos transferenciales y contratransferenciales en la relación terapéutica, pero, a diferencia del psicoanálisis, no los potencia, sino que los desanima, con pequeñas excepciones aceptadas por ambos momentáneamente, en un “como si…”

 

Es holista: se ocupa de la globalidad y considera que hay que trabajar conjunta e integradamente en los diferentes subsistemas del individuo. En este sentido, busca la coherencia entre cognición, emoción, corporalidad y espiritualidad; y, a la vez, trabaja con los sistemas en los que la persona se encuentra integrada (familiar, laboral, social…).

 

El objetivo de la psicoterapia viene dado por la demanda de la persona, si bien hay que tener en cuenta que esta demanda no siempre se hará de forma explícita, y que puede ser redefinida a lo largo del proceso y abrirse a niveles más amplios, o incluso recortarse a otros más modestos. Cuando el proceso lo permita, el terapeuta buscará habitualmente que se den cambios creativos (favorecedores de alternativas) más que cambios correctivos (reemplazar una construcción inadaptada por otra más “adecuada”).

 

 

PLANTEAMIENTOS METODOLÓGICOS

 

Enfatizamos la importancia del vínculo terapéutico, y proponemos la adopción por parte del terapeuta de las actitudes rogerianas de aceptación positiva incondicional, empatía y autenticidad, aunque no consideramos que estas tres actitudes básicas sean suficientes, y entendemos que la relación se establece dentro del marco de un contrato (como en el Análisis Transaccional, pero más flexible), en el que ambas partes pactan en un plano de igualdad las líneas básicas de la relación. Además, cree que se deben proporcionar unas experiencias diferentes a aquéllas que contribuyeron a la creación de la perturbación y que sirvan para que el cliente construya en forma alternativa sus interacciones.

 

Exige al terapeuta un papel activo que, a la vez que escucha empáticamente al cliente, interacciona con él haciéndole propuestas de exploración concretas. Por lo tanto, es un enfoque democrático, ni autoritario ni no-directivo.

 

Es experiencial: basa prioritariamente la efectividad del cambio en el hecho de proporcionar al cliente experiencias en el “aquí y ahora” que pongan de relieve la inconsistencia o disfuncionalidad de sus patrones de comportamiento y faciliten el hallazgo de otros nuevos más funcionales.

 

Concede una importancia relevante al papel de las funciones dependientes del hemisferio derecho, considerando que las emociones, la actividad imaginaria y la intuición son muy potentes a la hora de ofrecer un enfoque de la realidad distinto al habitual en nuestra cultura, y permite al paciente enriquecerse con la coherencia de esos fenómenos y la sabiduría implícita en los mismos. Además, suelen ser aspectos no utilizados por la persona para la solución de problemas, ejercitando sobre todo el razonamiento lógico o la exploración comportamental, y obviando estos otros recursos.

 

Interviene de forma idiosincrática, es decir, acomodándose a las circunstancias del cliente: según dónde se encuentre la perturbación más primaria, su grado de conciencia (el experimento propuesto debe ser de un riesgo suficiente, pero no excesivo, según el feed-back que nos va dando la persona), qué sistemas de la persona están más disponibles, su momento evolutivo…

 

Resalta la importancia del cambio, que va dirigido a superar los bloqueos, dispersiones o distorsiones repetitivas respecto al proceso del fluir vital de la persona.

 

Es tecnológicamente pluralista y ecléctico.

 

Asume los principios básicos de David Boadella:

Mantener polaridad entre dar y recibir; “se está” con alguien, no “se hace por” alguien, es decir, la relación terapeuta-cliente no es la de alguien que actúa sobre alguien que recibe pasivamente.

Pone énfasis en la calidad del contacto, más que en liberar una gran cantidad de energía.

Mantener un equilibrio entre escuchar y protagonizar. Escuchamos tanto el cuerpo del cliente como el nuestro.

Hacer del contacto el contenido de la sesión (no como el psicoanálisis, en el que lo que dice el cliente es el contenido de la sesión).

Respetar el grado de maduración del proceso, sin provocar una explosión catártica, por ejemplo, antes de que la persona esté preparada.

Invitar al cambio, no obligar.

Mantener la relación entre juego y trabajo.

Cuidar la relación entre sentimiento y emoción: trabajar más con el sentimiento profundo que se esconde detrás de la emoción.

Guardar equilibrio entre lo que entra (lo que se acepta) y lo que sale (lo que se suelta).

Ver a la persona, no sólo el problema.

 

 

METAS DE LA PSICOTERAPIA

 

Autonomía por la superación del guión de la vida (Análisis Transaccional).

Capacidad para el contacto pleno con la realidad presente (Psicoterapia Gestalt).

Capacidad para orientar con libertad el sentido de la vida (Psicoterapia existencial).

Revisión del sistema de construcción de la experiencia (Psicoterapia Constructivista).

Aceptación del sí mismo genuino (Carl Rogers).

Un estilo creativo en el pensar, el amar y el trabajar (Adler, Rank, Fromm).

Utilización integrada de la energía corporal y psicológica, y liberación de los bloqueos corporales (Psicoterapias corporales).

Superar bloqueos, dispersiones y distorsiones para el logro de una personalidad sana y creadora (Psicoterapia Integradora Humanista).

Exploración y desarrollo de la dimensión espiritual.

Ser capaz de amarse y amar, porque el amor es lo que nos sana...
 

 

 

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